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Correspondencias

Guayaquil, Ecuador, 3 de diciembre de 2014.

 

 

Querida Paola.

 

Desplazamiento 1: Martes 27 de agosto de 2013. 09h5 am. Tras varios días de agonía, mi padre, Rafael Díaz Ycaza, muere en la clínica Kennedy de Guayaquil, a los 87 años de edad. Estuve los últimos días y noches junto a él, a tiempo completo. Dos días atrás, él ya había hecho una especie de ritual de despedida. Estuve los últimos tres años de su vida (de su pérdida de vida, de su enfermedad), casi todo el tiempo junto a él. Ahora que lo pienso, durante ese tiempo ya habíamos emprendido el viaje hacia el ritual de despedida.

Mi padre había llegado a verme para despedirse de mí, para contarme que estaba por iniciar un viaje. Mi él sonreía. Me decía: “¿ves?, ahora puedo caminar” (ya no estaba condenado a la rigidez del párkinson). Mi padre me decía que ya conocía un poco el camino por el que tendría que transitar, que a veces lo visitaba. Pero que ahora se marchaba para hacer un viaje definitivo.

 

Mi padre y yo nos abrazamos. Yo le agradecí, él hizo lo mismo. Sonreímos. Me entregó un papel en la mano, para que lo lea después. Besos y abrazos. Lágrimas. Mi papá se acerca a la salida. Abre la puerta e inicia el descenso por las escaleras. Lo extraño es que veo las escaleras desde el descanso fuera de mi puerta y me doy cuenta de que no se trata de las escaleras normales, sino de unas infinitas.

-Despierto del sueño-. (...)

No estuve en el momento exacto de la muerte de mi padre (no sé cuándo en realidad, ocurre la muerte). Mi padre mismo me decía siempre que no había nada más fuerte que sentir un cuerpo con vida y al instante inmediato posterior, sentirlo vaciado de sí mismo.

Llegué a la clínica a las 9h15 o 9h20, quizás. La habitación estaba vacía. Nadie me dijo nada. No era necesario decir algo, presumo. El espacio tiene una cualidad parlante.

 

Bajé por las escaleras y fui directo al sitio donde llevan a los cuerpos sin vida.

Lo estaban vistiendo. Me acerqué, su cuerpo aún no estaba frío del todo. Le hablé al oído todo lo que me pidió que le dijera para ese instante.

 

 

 

 

  Bertha

 

Buenos Aires, 17 de Julio de 2104

 

Señora:

 

Viajar es útil. Ejercita la imaginación.
Todo lo demás es desilusión y fatiga.
Nuestro viaje es solo imaginario, allí́ reside su fuerza
va de la vida a la muerte.
Personas, animales, ciudades y cosas, todo es inventado. Es una novela, no mas que una historia ficticia. Basta cerrar los ojos.


Esta en la otra parte de la vida.

Termina siempre así, con la muerte.

Pero antes, hubo vida.
Escondida debajo


Bla, bla, bla,bla, bla.

Y todo sedimentado
Bajo los murmullos y el ruido.


El silencio, el sentimiento, la emoción y el miedo.

Y luego la desgraciada miseria y el hombre miserable.

Todo sepultado bajo la cubierta de la vergüenza de estar en el mundo.

Bla, bla, bla, bla, bla


Mas allá, esta el mas allá.
Yo no me ocupo del mas allá́.

En el fondo todo es un truco.

Esta en la otra parte de la vida.

 

 

Fin de la correspondencia

 

Segunda correspondencia:

 

Sin saludo

Sin fecha

Asunto: …

 

 

Destinatarias: Ella y Yo

 

Sabe?

En nuestras cabezas las selvas de las casas, están unas al lado de otras, Unas  detrás de otras, unas encima de otras, unas delante de otras, todas lejos de todas.

A donde ir?

Hay 19 kilómetros al sur.  O 19 kilómetros al sur?

A norte Sur.

Al sur del país… A donde ir? Ha?

(comentario: Matarse, en cierto sentido, y como en el melodrama, es confesar)

Están las mismas azoteas rojizas.

Están las mismas cúpulas pardas.

Los mismos frentes desteñidos.

Las mismas rejas sombrías.

Los mismos buzones rojos.

Los mismos focos amarillos.

(comentario: Todo contribuye a enredar las cosas)

Hay que moverse pero no en línea recta.

Norte y sur son lo rumbos que me ensanchan.

Mi sur esta en mis manos y eso me gusta.

El sur de ella esta donde no quiero ir.

O quizás si?

“cada quien tiene su alcohol y puede hallarlo hasta en un vaso con agua”

A donde ir?

De  norte al sur o del sur al norte

Como dice la abuela: busque su norte  mija, no se deje desviar por la confusiones, no mire hacia atrás, ojo se extravía.

 

No hay firma.

Ni saludo de despedida.

 

Fin de la correspondencia

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